Ya se había integrado Ileana "Nana" Latorre,
sacada del ambiente universitario con su dulce
personalidad y flauta (y que nos recordó tanto
nuestra común historia latinoamericana con el
sonido de quenas, zampoñas y maracas
venezolanas), cuando surgió la invitación, como
parte de la delegación puertorriqueña, al
Festival Mundial de la Juventud. Y allá fuimos.
José Vallejo nos acompaño en este viaje y por
los ocho aňos subsiguientes, con su sabor tanto
en las congas, y su imbatible sentido del tiempo
y responsabilidad. Del viaje al Festival en La
Habana trajimos inolvidables experiencias y la
idea de integrar a los teatreros músicos de gran
capacidad y un inmenso deseo de trabajar. Nena
Rivera, con su energía, su voz y dedicación vino
a ser eje importante hasta el mismo Punto Final.
Y Jorge Arce, el ponceño que nos trajo el sabor
a plena del barrio Bélgica, sus composiciones y
ese elemento bailable que revolucionó la tarima.
Con esta sangre nueva nos enfrentamos a nuevos
proyectos como el concierto en el teatro Tapia,
Travesía y un especial de televisión del mismo
nombre. En ambos fue importantísima la confianza
y apoyo solidario de Taller Estudio, equipo de
co-producción dirigido por Fernando Aguilú y
Quique Benet.
El gran reto de producir un disco nuevo, que
diera continuidad al éxito de La Muralla, pero
con la personalidad actual, lo aceptamos. Así
surgen Cantar es Vivir, Isla Nena, Borinquen es
bella y rica, en el disco que llamamos “el
Azul”.
Ya consolidados, el año 1979 nos recibe con el
próximo reto de trabajar junto al Ballet de San
Juan, para unir por primera vez el género de
Ballet a la música campesina y la Nueva Canción
en el espectáculo Tierra, Tierra. Aquí nuestro
Jorge creó una adaptación de un cuento de José
Luís González, con su Melodía en el caño, donde
además actuó y coreografió el cuento con la
participación de exponentes de la música afro
antillana boricua. Esto luego formó parte de un
ambicioso concepto de disco doble en nuestro
álbum Tierra, Tierra, y otros Cantares el cual
contó con veinticuatro temas y tomó casi 200
horas en grabar. De este se escucharon mucho en
la radio Melodía en el caño y El Alacrán Colorao.
Pero el año no terminaba y nos fuimos a nuestro
segunda gira del año a Estado Unidos y a regar
semillas en otras fronteras cuando Méjico nos
recibió bailando al son boricua en Puebla,
Coyoacán, La Peña Morelos, D.F..
Cerramos el año con un moderno concepto de
espectáculo en el teatro Matienzo, que llamamos
En Movimiento, reflejándose nuestra inquietud y
una actitud musical aún más dinámica.
En el 1980, nuevos galardones apoyando el
trabajo surgen como Premios Diplo, al grupo
musical y a la aportación artística del maestro
Lorenzo Homar, cuando realizó la pintura que
engalanó la carátula de Tierra, Tierra…
Aunque ya teníamos un Agüeybaná (1977), ahora La
Asociación de Cronistas del Espectáculo (ACE)
premia en Estados Unidos el esfuerzo de Travesía
como especial musical del año en Nueva York.
El reclamo a trabajar fuera de Puerto Rico
aumentaba y se produce nuestra más prolongaba
ausencia del país cuando por cuarenta y cinco
días estuvimos “haciendo punto” en las áreas de
mayor concentración de boricuas y latinos en
EEUU. También nos reclamó otro país
latinoamericano que nos invita, junto a grupos
de Argentina, Méjico y Nicaragua en una serie de
importantes conciertos llamados Música de esta
América. La experiencia de la invitación cubana
de Casa Las Américas nos ayudó a pensar más en
Puerto Rico como el pueblo latinoamericano que
siempre ha sido. Estas experiencias y el ensayo
Nuestra América de José Martí, las volcamos en
un concierto que llamamos Son de la América
Nuestra en agosto del ’80 donde incorporamos
nuevos experimentos musicales uniendo quenas,
guitarra eléctrica, bombo legüero, cuatro
venezolano, zampoñas y todo eso que nos sonaba a
América.
Ese año, se nos consignaron también la
musicalización de un segmento del
documental-largo metraje “A Step Away”, para el
cual se compone e interpreta colectivamente la
canción Todos los Pueblos como un bembé
antillano en la Villa Olímpica.
Siguiendo la usual práctica de grabar un disco
sobre el repertorio del concierto, hicimos
nuestro sexto disco larga duración (LP) titulado
Son de la América Nuestra, cuyo mayor éxito en
Puerto Rico y otros países fue Eternamente
Yolanda del cubano Pablo Milanés.
Después de un año de tan intenso trabajo, viene
algo que ha habíamos previsto y veníamos
planificando. Esa vez Silverio, último de los
fundadores y puntal artístico, junto a Nana,
deciden finalizar su trabajo con el grupo
trazándose otras metas individuales. No es por
casualidad que el sexto disco no tenga fotos ni
enfatice en miembros de Haciendo Punto, sino en
su “Personal”. Tampoco que Nena, Jorge y yo
tomáramos más participación en el espectáculo.
Aún así nos enfrentábamos a la disyuntiva de
mantener la credibilidad y honestidad en un
taller que nos pertenecía ya a todos.
Siempre reflexionamos y consideramos que no se
podían sustituir figuras o personalidades a su
salida, porque cada persona traía y se llevaba
mucho de sí con el punto… Pero como el moriviví,
en 1981, el punto renace con nuevas
alternativas. Se integra de lleno el maestro
Millito Cruz con su cuatro “templao”, su
guitarra, su voz y sobre todo su experiencia
musical, trayendo nuevos arreglos para nueva
música; además del sabor mulato de Rayda Cotto,
con sus composiciones, su flauta y habilidad
musical en muchos órdenes… Y se comienza a
cocinar con nuevos ingredientes este sabor a son
que ya en su punto sabroso nos regresa a Estados
Unidos de gira y se traduce en un nuevo
concierto con el sugestivo título de Como el
Moriviví. El contrato con la casa disquera
terminó y esta vez produjimos nosotros el disco
Moriviví. Además, acostumbrados a trabajar
continuamente, aceptamos largas temporadas en
Tetuán 20 y Greenhouse, que para entonces eran
buenas alternativas de trabajo nocturno.
Por último, ese año “Paché” Cruz, otro baluarte
decide continuar estudios y radicarse cerca de
sus tres hijas en Estado Unidos, por lo que deja
el grupo después de una fructífera labor de
cuatro años. Ya se vislumbraban dificultades
económicas y Millito también se va del grupo
dejando, en el 1982, el camino expedito a dos
talentosos músicos cagüeños.
Pedro Guzmán trajo su innovador cuatro, su
concepto y energía por los cuatro años
venideros… También nos trajo a Cuqui Rodríguez,
maestro del piano y arreglista justo con la gran
calidad musical e interpretativa necesaria para
esta etapa que se acercaba. Con ellos a
trabajar, que esto era lo único que provocaba
“afinque” y mantenía la vigencia con la música,
con nuestro público y los nuevos tiempos.
Tocamos desde el mismo día de año nuevo en el
1983 y empezamos a explorar más el medio
televisivo, participando semanalmente en un
programa (de televisión), para el próximo año
hacer una corta temporada de Haciendo Punto y
más, programa propio para la exposición de la
Nueva Canción local e internacional.
Acostumbrándonos ya a la nueva química de
miembros del grupo, Jorge decide irse a Boston a
terminar sus estudios en teatro musical, con la
única suerte que desde hacía un año yo trabajaba
en un grupo para niños con un talentoso artista,
que componía, reunía las cualidades de
personalidad, voz y sentido del espectáculo,
como para llenar la vacante…Era José Vega y su
labor quedó demostraba en los últimos trabajos.
Con mucho esfuerzo y gran unidad familiar,
grabamos y produjimos el último de nuestros ocho
discos con el optimista nombre de Llegaremos.
Traduciendo experiencias vividas, componiendo,
arreglando, cantando…sintiendo, pusimos todo
nuestro corazón y talento en este disco y en la
continuidad de otros proyectos artísticos como
Haciendo Punto 9 años en otro Son. Este fue un
significativo concierto donde conmemoramos nueve
años de fundado el grupo y contamos con la
participación especial de Silverio, Josy e Irvin
dando un espaldarazo solidario al punto que
ellos habían creado. También participaron
Sunshine Logroño e Iván Martínez, precursores
también de la Nueva Canción y amigos del punto.
Una verdadera fiesta en escena que fue grabada y
trasmitida por televisión.
En nuestra inquieta búsqueda, tuvimos una gran
oportunidad, auspiciado por el departamento de
Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto
Rico en Mayagüez, de crear música sobre la obra
de Luís Palés Matos. Una docena de canciones, el
descubrimiento de parte de la gran obra del
poeta con un especial y verdadero trabajo
colectivo fue el saldo de dicha experiencia. Ese
posible disco, así como otros proyectos quedaron
en el tintero.
El solo pensar en la idea de un punto final
enredaba las emociones. Combinábamos una
sensación de vacío al saber que un mañana
despertaríamos sin tener este sonido tan
importante en nuestra vida; sin donde hacer
punto…pero surgía la satisfacción de haber
trabajado duro dando lo mejor y más honesto de
nosotros, no como regalo sino como deber para
con nuestro país que también es un junte
afortunado. |